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Zona de Confort

Hoy en día se se habla mucho de la zona de confort, que, para quien no lo sepa, se trata de tomarse la vida con la tranquilidad y la determinación de quedarse en el entorno que te ha tocado, con resignación y sin correr riesgos.

He sido muy crítica con aquellas situaciones en las que los hijos seguían en el negocio de los padres en una herencia laboral que no requería estudios ni preparación. 

Siempre he pensado que a los hijos hay que darles alas para que vivan su propia vida, lejos de la comodidad del nido, que viajen, que conozcan culturas, que estudien, que se formen y que se preparen para comerse el mundo. Siempre, claro está, conservando el apego emocional familiar y dejando las puertas abiertas por un repentino regreso al hogar.

He conocido casos de jóvenes que después de estudiar, viajar y vivir un montón de experiencias, han decidido volver a casa y convertir el pequeño negocio familiar que a duras penas les daba para sobrevivir, en un gran proyecto, casi siempre relacionado con la agroalimentación y la artesanía en áreas rurales que agonizan.

Creo firmemente que hay que apoyar con todos los recursos estas iniciativas que representan las esperanzas de los pueblos con tendencia a desaparecer. Nuestro país tiene un gran problema de despoblación.

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